Entonces descubrí Mama Oso. En pocos días, el ardor y el entumecimiento disminuyeron, y por primera vez en años, dormí toda la noche. Ahora me despierto renovado, camino sin miedo y puedo corretear detrás de mis nietos por el jardín sin que el dolor me frene, todo ello protegiendo mis nervios para el futuro".